sábado, 12 de abril de 2008

Una triste historia




Normalmente no suelo contar historias de este tipo en el blog, pero como parece que los del Consejo de Europa se han vuelto locos, no me queda más remedio.


Katy tiene ahora 20 años, hace 2 años, pensando que seguía lo que le pedía su corazón, dejó a sus padres (con los que no se llevaba mal del todo), a sus estudios (que no es que los llevase muy bien, pero podría haber mejorado) y a sus amigas por irse a vivir con un hombre mucho mayor que ella, que creía que era el amor de su vida.


A los pocos meses de convivencia, descubrió que estaba embarazada y que quien pensaba que la iba a apoyar, defender y estar a su lado no le interesaba esta situación.


Le decía: "Eres una niña" (pero no para irse con él), "No es el momento" (y ¿cuándo lo va a ser?), "Son 4 células" (y él ¿que es?¿ 400 millones más?), "¿Qué van a decir tus padres cuando se enteren?" (y ¿qué le importaron los padres cuando ella se fue con él?)...


El caso es que convencida por él fueron a aquel horrible sitio. "No iba a pasar nada", "Todo iba a ir bien", "Era algo sencillo... sólo unas pastillas".


Se las tomó y como suele suceder no le hicieron efecto en la clínica, sino en casa.


En aquel momento Katy se dio cuenta de que lo que había hecho no tenía vuelta atrás y lloró.


Él vino y estuvo (aparentemente) cariñoso con ella y le dijo que iban a salir, que iban a tranquilizarse, etc.


Al principio todo iba aparentemente bien hasta que Katy empezo a notar que no dormía bien por las noches, que se sentía angustiada, que no soportaba la vista de un bebé, ni de una embarazada...


Cuando se lo contó a él, le puso mala cara, no la apoyó, no le supo entender... Ella miró por internet, no sabiendo bien qué buscaba, y encontró muchas historias como la suya. Se dio cuenta de que lo que tenía era el síndrome postaborto.


Volvió a hablar con quien creía que la apoyaba y este ya se volvió violento. Incluso le pegó.


Ella llamó entonces al teléfono de una asociación que había encontrado en internet y pudo hacer, por fin, algo que necesitaba mucho: llorar, llorar por un hijo que nunca tendría y que nunca volvería a ver.


Ella aún no está recuperada, ha vuelto con sus padres, que la han recibido con los brazos abiertos, incluso le ha contado a su madre el gran peso que lleva en su corazón.


Pero como ella dice ¿quién le va a devolver a su hijo?
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